Cúbica en la oscuridad: la vida sin electricidad
Amigos lectores, ¡no es un día sin electricidad ni dos son varios días sin fluido eléctrico podemos decir que estamos atravesando! La Edad de piedra, la etapa primitiva ha llegado a nuestros hogares de una forma inhumana, agresiva y reaccionaria. En este sentido no solo afecta a nuestras casas sino cualquier esfera dentro de la isla, la tragedia en la que vive hoy en día el cubano es inaudita, no hay formas ni medio como abordar esta situación. Para acercarnos a la realidad del cubano haremos un recuento sobre parte de mi vivencia y por supuesto otras no. Dice así: «Cuando no hay electricidad se siente el silencio de las calles, el silencio en las casas, todo apagado, una Cuba apagada y sin saber para cuánto. Esto no quiere decir que nosotros, los cubanos, en este sentido estemos apagados, porque sería mentirles intrínsecamente, llevamos una llama por dentro difícil de apagar, así nos definimos con una coraza de titanes.
Yo recuerdo mi infancia con gran cariño y también con dificultades, pero como niña al fin esas vicisitudes económicas solo eran para los adultos, las largas hora de apagones de ese periodo especial recrudecido eran interminables la precariedad de la situación insostenible, jugar entre amigos era nuestro, escape, rutina y también (por qué no) nuestro alivio; en las noches nos consolábamos entre los vecinos cada uno sacaba sus sillas o sillones para escuchar cuentos de la vida mientras nosotros cantábamos y bailábamos debajo de esa luna que nos brindaba un alumbrado nítido.
Nuestro instrumento principal en aquellos tiempos eran las cacerolas de cocinar y platos de comer metálicos que hacíamos sonar una y otra vez, en ese momento se olvidaba todo, y las horas que parecían interminables iban pasando, pero antes de esta aventura nos tocaba hacer las tareas de la escuela con un mechón. Y te preguntarías ¿qué es un mechón? No es nada menos que una botella metálica de combustible con una tela recortada y encendida de fuego en la punta. Sí alumbraba, y ¡cómo! Terminábamos con todos los huecos de la nariz negros por el humo, pero con la tarea de la escuela que indicaba el maestro porque había que cumplirla.

En ciertas ocasiones la luz no llegaba y nos tocaba dormir en ese momento. Nuestras abuelas ya tenían listo el mosquitero para protegernos de los inquietantes mosquitos y, a pesar del cansancio del día, abatían los periódicos en nuestros rostros como abanicos para aliviar el calor insoportable que nos ahogaba en sudor y porque no paraba de ahuyentar algún mosquito oportunista, así pasaban las noches. Y si la suerte nos acompañaba, puede que en la madrugada entrara algo de corriente, ese momento era algo exclusivo, yo recuerdo los gritos y ecos de las voces como: “¡Ya vino la luz!”
Pienso que hoy, en la actualidad, no es nada diferente a lo vivido en la niñez, porque en mis tiempos el intercambio personal entre niños era más visible, la tecnología no existía y no se apoderaba de nuestro tiempo de juego, ni nuestras mentes, nuestro ingenio era en las calles, hoy en día se sufre más al no poder acceder a esta variante digital, en este sentido la falta de electricidad atenta con la tecnología, juegos electrónicos, a pesar de que esta última distancia a los niños de la participación activa en el desarrollo de actividades físicas. Pero de igual forma siguen los azares de la vida de un niño cubano, si bien contaba lo difícil que era aquellos tiempos ahora peor, los juegos al fútbol en ocasión con un balón desinflado o a medio inflar, hasta con una calculadora vieja, rota por el paso de los tiempos y si la naturaleza se muestra generosa a jugar en el aguacero, en los charcos, en las calles de un pavimento desgastado. Resulta necesario acotar que esta situación no solo afecta a nuestros padres, a nuestras familias - a un pueblo entero, la sociedad sufre estos males, los quehaceres del hogar se han desplazado de sus horarios.
¿Y cómo saber cuándo llega el fluido eléctrico? Dejamos el interruptor encendido como medio de aviso por si llega la electricidad en la madrugada. Y cuando llega - a correr de un lado hacia otro lado de la casa, tropezando con cada mueble mal acomoda y todo para realizar las labores domésticas en ese breve tiempo: hacer el lavado, cocinar los alimentos con las ollas eléctricas, cargar los teléfonos, cargar las lámparas y todo con el alma en el cuerpo porque en un suspiro se pude ir la corriente que nos dan en esas pocas horas, y así se va trabajando con pánico.

Después de pasar una dura noche deben desplazarse bajo la inclemencia del tiempo y un calor desesperante, sin trasporte urbano a sus lugares de trabajo para después realizar su labor con las mentes atontadas y adormecidas, incapaces de pensar con claridad, la agilidad física.
Y qué decir de aquel anciano jubilado que cada día lastimosamente, viejito, sin esperanza de vida, pensando que descansaría en su retiro y que sus días no terminarían así en condiciones inhumanas, de aquel enfermo postrado donde su movilidad se ve restringida, asfixiado en la humedad de su cama por el calor latente de estos días de verano, pobrecito, sin medicamentos y alimentos necesarios. Pobres todos los cubanos. La juventud no puede disfrutar con júbilo el verano en las cálidas aguas de nuestras playas por la falta de trasporte y cuando aparece un vehículo los altos precios no los soporta el bolsillo de un obrero asalariado, porque en este mundo no faltan los oportunistas, pero también un joven o una familia que recibe alguna ayuda de otro lugar del mundo siendo su carga más liviana que otros.
Y así pasan los minutos, las horas sin poder ver alguna novela para despejar la mente, alguna nota informativa de los acontecimientos nacionales e internacionales, programas deportivos o películas para olvidar las penumbras de injusticia de toda índole. Y pasan los días, llega el cobrador de la luz y el cubano que a todo le saca un chiste jocosamente le pregunta: ¿Qué vienes a cobrar en el apagón? Y este joven que también sufre los pesares solamente lo que hace es reír, porque así somos los cubanos, a veces reímos de nuestra propia desgracia.

Cuenta Olga, enfermera, amiga de mi tía jubilada de salud y reincorporada nuevamente al centro de trabajo de su municipio, que en la sala de cirugía faltan insumos que hasta a veces han tenido que inyectar con las luces del teléfono y que el médico ha terminado sus consultas con unas linternas. Muchas cirugías se han cancelado por falta de electricidad, en ocasiones el servicio de comunicación para llamar a una ambulancia o contactar a las autoridades que no funciona, y el vecino que tiene carro ya puede ayudar con trasporte por la escasez de combustible. Ya no sabemos en qué siglo vivimos.
En Cuba solo se habla de la falta de agua y de electricidad, por falta de petróleo, ese preciado líquido, por el cual nos bloquean, nos hacen sufrir los cortes energéticos severos que afectan la vida diaria de nuestra población.
Cuenta mi vecina a mi mamá que iba a entrar otro barco de petróleo ruso, pero lo interceptaron y tuvo que desviar su ruta. Mi madre no respondía, solo pensaba cuándo terminaría este calor irresistible, cuándo encenderían sus ventiladores. Al momento mi madre reaccionó: “Imagínate, a pesar de que no hay corriente, no dudo del pueblo ruso, su gobierno ha estado con Cuba históricamente y su presidente no solo habla, sino que demuestra con acciones su intachable postura y ruda coraza de justicia que no se detiene ni se doblega ante las injusticias, siempre busca formas para apoyar a nuestra Cuba ante esta precariedad impropia sin precedente.
Estar sin electricidad se ha vuelto un hábito, reinventarse es una forma de subsistir, sobrevivir en estos tiempos es nuestra arma más fuerte, y todo parece ser sacado de una novela triste, pero es nuestra vida real, este impacto energético criminal deja a cientos de familias sin el privilegio vital humano, y todos nos replanteamos varias preguntas.